¿Quién necesita un reality show cuando tienes a Venezuela y Estados Unidos negociando petróleo como si fuera un trueque en un mercado de pulgas? PDVSA, la estatal venezolana, soltó un comunicado diciendo que están charlando con los gringos para vender «volúmenes» de crudo. Esto, justo después de que Donald Trump declarara que controlará las ventas de petróleo venezolano «indefinidamente», como si fuera el dueño de un puesto de gasolina intergaláctico.
La movida incluye un regalito jugoso: el gobierno interino de Delcy Rodríguez entregará entre 30 y 50 millones de barriles de oro negro a Estados Unidos, según Trump, quien lo cacareó en Truth Social como si hubiera ganado un premio gordo. Los ingresos, por supuesto, serán «controlados» por él. ¿Alguien dijo fideicomiso personal? Mientras tanto, el secretario de Energía, Chris Wright, asiente con cara de quien sabe que este negocio huele más raro que gasolina de contrabando. Una fuente anónima incluso susurró que podrían levantar algunas sanciones, como quien ofrece un caramelito para calmar el ambiente.
Todo esto ocurre tras una operación militar el 3 de enero en Caracas y tres estados venezolanos, que tumbó a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, ahora enfrentando juicios en Nueva York por cargos que incluyen narcotráfico. Venezuela, con un quinto de las reservas mundiales —unos 303,000 millones de barriles de crudo pesado—, parece ser el tablero de ajedrez donde Trump mueve las piezas.
Así que, mientras Maduro enfrenta al juez, Trump se autoproclama capataz del petróleo venezolano. ¿Próximo episodio? Quizás un barril autografiado por el mismísimo Donald. Esto está más enredado que un culebrón a medianoche.


