¡Qué mezcla tan explosiva! Cada 12 de diciembre, millones de mexicanos honran a la Virgen de Guadalupe, símbolo de fe y esperanza. Pero no solo los devotos comunes le rezan; diversos cárteles también buscan su bendición, junto a figuras como San Judas Tadeo, el Santo Niño de Atocha y hasta la Santa Muerte, en un sincretismo más extraño que un taco de sushi.
Según el INEGI, el 77% de los mexicanos son católicos, y esta fe se cuela hasta en el crimen organizado. Édgar Valdez Villarreal, alias La Barbie, del Cártel de los Beltrán Leyva, era tan devoto de la Virgen que tenía imágenes en todas sus casas y hacía mandas religiosas, según Anabel Hernández. Incluso en prisión, dice haberse entregado a la religión para expiar sus pecados. En 2022, Mario Alberto Romero, alias El Tucán, de los Caballeros Templarios, llevó serenata a la Virgen en Parácuaro, Michoacán, como si fuera un novio enamorado, ignorando su estatus de fugitivo.
San Judas Tadeo, patrono de las causas difíciles, también es un favorito. El Cártel de Sinaloa lo adoptó, alterando su imagen para que sostenga el báculo en la mano izquierda, un guiño a su “protección” de narcos. En Badiraguato, Sinaloa, su estatua gigante atrae a todo tipo de fieles cada 28 de octubre. Jesús Malverde, aunque no es santo oficial, reina en Culiacán como el “patrón de los narcos”, con altares llenos de ofrendas y música de banda.
Grupos como La Familia Michoacana y los Caballeros Templarios incluso mezclan religión con su imagen criminal, usando discursos de “buenos cristianos” o símbolos medievales. ¿Fe o fachada? La línea es más borrosa que un tatuaje mal hecho.


