La saga de tragedias en Irán sigue sumando capítulos oscuros. Mansuré Jojasté Bagherzadé, viuda del líder supremo ayatolá Alí Jamenei, falleció por heridas sufridas en los bombardeos del 28 de febrero perpetrados por Estados Unidos e Israel. Según la agencia Tasnim, Bagherzadé, de 78 años, se une al triste club de «mártires» tras no sobrevivir al ataque que ya se cobró a su esposo y varios familiares.
El drama familiar es digno de una telenovela trágica: previamente se confirmó la muerte de una hija, un nieto y otros dos parientes de Jamenei en la misma ofensiva. Es como si el destino hubiera decidido borrar del mapa a toda la dinastía con un solo golpe. La Media Luna Roja actualizó este lunes la cifra de víctimas totales en Irán a más de 550, un número que pesa más que un yunque en un dibujo animado.
Entre los caídos hay ministros y altos mandos del Ejército iraní, lo que demuestra que el ataque no solo apuntó alto, sino directo a la yugular del régimen. Irán, por su parte, no se quedó de brazos cruzados y respondió con una lluvia de misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en Oriente Próximo, convirtiendo la región en un tablero de ajedrez donde las piezas explotan de verdad.
Esto no es solo una escalada, es un salto al vacío con fuegos artificiales. Mientras las familias lloran y los misiles vuelan, el mundo observa este duelo de titanes preguntándose: ¿quién lanzará el próximo misilazo? Porque, seamos sinceros, esto ya parece menos una guerra y más un espectáculo de pirotecnia letal.


