¡Tijera sin piedad! El Washington Post, propiedad del magnate Jeff Bezos, lanzó el miércoles un drástico plan de despidos que calificó de “doloroso pero necesario” para sobrevivir. Con cerca de 800 empleados hasta ese día, el diario eliminará buena parte de sus corresponsalías extranjeras, además de recortar personal en deportes y páginas locales, según medios locales. ¿Reestructuración o autopsia de un gigante?
El director ejecutivo, Matt Murray, defendió la medida en una nota interna, argumentando que asegura el futuro y proporciona estabilidad. “Estamos demasiado arraigados en una época diferente”, afirmó, como si el periodismo fuera un vinilo en la era del streaming. Sin embargo, el sindicato Post Guild estalló en protesta: “No se puede vaciar una redacción de su esencia sin consecuencias para su credibilidad”. Denunciaron que, en tres años, la plantilla ya perdió 400 personas y rechazaron categóricamente más cortes. Un afectado confirmó a AFP que “todo el equipo” de Oriente Medio y “la mayoría” de corresponsales extranjeros se van a la calle.
El timing no podría ser más curioso. Durante el primer mandato de Trump (2017-2021), el Post gozó de buenos números, pero tras su salida, el interés de los lectores se desplomó. Históricamente demócrata, el diario no apoyó a Kamala Harris en 2024, mientras Bezos ha mostrado acercamientos recientes a Trump. Reporteros, desesperados, escribieron al magnate pidiendo clemencia, pero parece que sus súplicas cayeron en oídos de Alexa.
¿Salvación financiera o suicidio editorial? Esto está más triste que una librería vacía en la era de los memes.


