
¿Investigar o no investigar? Esa es la cuestión en Israel, donde el jefe del Estado Mayor, teniente general Eyal Zamir, lanzó un dramático llamado este lunes para una «investigación sistémica» sobre el desastre del 7 de octubre de 2023. Imagínense, quiere destapar la olla de cómo fallaron las defensas ante el ataque más sangriento en la historia del país. Un informe de expertos ya señaló las metidas de pata del ejército, pero Zamir insiste: «Necesitamos más, como un reality show de autocrítica militar».
Mientras tanto, el primer ministro Benjamin Netanyahu juega al escondite con la verdad. Rechaza una comisión nacional de investigación, alegando que sería un juguete político para sus rivales. En lugar de eso, propone algo así como un club de consenso nacional, inspirado en la investigación post-11 de septiembre en EE. UU. La oposición, claro, le respondió con un rotundo «ni de broma». Es como si Netanyahu quisiera resolver un divorcio con una terapia de pareja… pero sin pareja.
Recordemos los números trágicos: el ataque de Hamás del 7 de octubre dejó 1.221 muertos en Israel, la mayoría civiles, según datos oficiales. En respuesta, la campaña militar israelí en Gaza ha cobrado 69.179 vidas palestinas, también mayormente civiles. Es un tablero de ajedrez donde las piezas son de luto.
Zamir insiste en que sin un análisis profundo, estas fallas podrían repetirse como una mala secuela de Hollywood. Pero con el gobierno poniendo trabas, parece que la investigación será más lenta que un burócrata en lunes por la mañana.
Así que, mientras los líderes discuten si abrir o no el baúl de los errores, el pueblo espera respuestas. ¿Será este el cliffhanger más largo de la política israelí? Solo el tiempo, y tal vez un guionista de telenovelas, lo dirá.

