La tortilla subirá de precio el 15 de abril y Homero López, presidente del Consejo Nacional de la Tortilla, culpa a dos villanos inesperados: tortillerías sin regulación y jóvenes becados flojos. Porque claramente el problema del alimento más básico de México no son factores económicos estructurales, sino chavos que prefieren estudiar en lugar de reparar molinos. Análisis económico nivel tío conspiranoico en cena navideña.
López declaró a Azucena Uresti que la «política desleal» de abrir tortillerías sin control genera exceso de oferta y precios dispares. Traducción: hay demasiadas tortillerías compitiendo, entonces suben precios para sobrevivir. Lógica de libre mercado pero al revés, básicamente capitalismo confundido.
El segundo culpable: déficit de refacciones por programas sociales que «hacen que la gente ya no quiera trabajar». Según López, como los jóvenes reciben becas, nadie quiere fabricar papel alimenticio ni arreglar maquinaria, obligando a tortilleros a pagar salarios más altos. Entonces el costo «se va a la tortilla». Cadena causal tan sólida como castillo de naipes en ventilador.
Las consecuencias incluyen reducción del poder adquisitivo, ajustes en dieta familiar y menor acceso a alimento básico. O sea, familias mexicanas comerán menos tortillas porque jóvenes becados estudian en lugar de trabajar en refacciones. Culpar a la educación de la inflación: innovación argumentativa digna de premio.
El ajuste aplicará en distintas regiones impactando bolsillos nacionales. Mientras, López seguirá explicando cómo programas sociales arruinan tortillerías con razonamientos que desafían economía básica.
Moraleja: la tortilla sube y la culpa es de becarios estudiando. Próximamente: frijoles caros por TikTok.



