Edith Guadalupe Valdés Zaldívar, de 21 años, salió de su casa en Iztapalapa el 15 de abril rumbo a una entrevista laboral en la Benito Juárez. Spoiler alert: no volvió. Su familia hizo lo que toda familia haría: alertar a las autoridades de inmediato, sacar ficha de búsqueda y pedir las cámaras del edificio en Av. Revolución 829. Respuesta del edificio: portazo en la cara y cero cooperación. Mientras tanto, el Ministerio Público les soltó el clásico «esperen 72 horas, tal vez se fue de fiesta con amigas o un novio». Porque claro, todas las chicas de 21 desaparecen para irse de antro sin avisar.
La familia no se quedó de brazos cruzados. Bloquearon Eje 6 Sur, revisaron cámaras del C5 por su cuenta y confirmaron que Edith entró al edificio en mototaxi pero nunca salió. Vestía pantalón de mezclilla, blusa verde, zapatos abiertos negros y llevaba tres tatuajes: mariposa en la costilla, luna en el pie y un conjunto celestial en la muñeca. Su rastro se perdió en ese edificio donde, según vecinos, alguien reclutaba personal frecuentemente. Nada sospechoso, ¿verdad?
Finalmente, tras presión familiar y mediática, la Fiscalía activó protocolos, inspecciones y toda la parafernalia burocrática. A las 5:30 de la madrugada del 17 de abril hallaron su cuerpo sin vida en el sótano del mismo edificio. Ahora investigan bajo protocolo de feminicidio y prometen «acompañamiento permanente a la familia». Qué lindo detalle después de sugerirles que su hija andaba de parranda mientras estaba muerta en un sótano.



