Estados Unidos sancionó a tres personas por apoyar al Cártel del Noreste en Nuevo Laredo. Entre ellos: Juan Pablo Penilla, abogado multipremiado por instituciones mexicanas, y Raymundo Ramos, defensor de DDHH espiado con Pegasus. Porque nada grita «contradicción nacional» como premiar con reconocimientos del Senado a quien Washington acusa de intermediario criminal. México y EE.UU. claramente no comparten grupo de WhatsApp.
Penilla representó a «Z-40», exlíder de Los Zetas, fungiendo como intermediario entre el capo preso y su organización activa. Básicamente era abogado corporativo pero del crimen organizado. Recibió el Premio Patria por Justicia y Equidad Social en noviembre 2024 del Senado mexicano. Cuatro meses después, OFAC lo sanciona por facilitar operaciones criminales. Timing impecable nivel show de comedia negra.
El abogado también apareció en carta de «El Mayo» Zambada solicitando asistencia consular, mencionándolo como asesor jurídico. Morena se deslindó aclarando que nunca formó parte de campaña de Sheinbaum, aunque circularon rumores. Premios nacionales, embajador de paz internacional y ahora sancionado: currículum más contradictorio que político en elecciones.
Raymundo Ramos fue señalado por usar activismo para favorecer al CDN: denuncias falsas contra Ejército, pagar manifestantes y desprestigiar autoridades desde hace década. Paradójicamente, fue espiado con Pegasus en tres ocasiones según Citizen Lab. O sea, lo criminalizaron espiándolo ilegalmente mientras trabajaba para criminales legalmente. Inception jurídica nivel kafkiano.
Eduardo «Crosty» Islas completa el trío, responsable de tráfico humano del cártel.
Moraleja: México premia con reconocimientos nacionales a quien EE.UU. sanciona por narco. Coordinación binacional nivel partido de futbol con dos balones distintos.



